Testimonios de integrantes de la Asociación Civil Mujeres Unidas Migrantes y Refugiadas
LA LARGA LUCHA DE LAS MUJERES MIGRANTES
Natividad Obeso es peruana y vive en Buenos Aires desde hace 13 años. Al principio, su situación en el país no fue fácil. Aún le cuesta hablar de aquellos años y asume: "Yo lo pasé, yo lo viví". Actualmente es presidenta de AMUMRA (Asociación Civil de Derechos Humanos Mujeres Unidas Migrantes y Refugiadas) . Natividad y otras seis integrantes de la Asociación -María Rosales Nancy Silva, Emperatriz Flores, María Urbano, Luz Cieza y Doria Encalada Herrero contaron sus experiencias a Desafíos Urbanos.
"La sangre del pueblo tiene rico perfume/ huele a jazmines, violetas, geranios y margaritas/ a pólvora y dinamita/ ¡¡carajo!! a pólvora y dinamita.." se escucha cantar a Martina Portocarrero en una casa de Palermo. Allí, un joven estudiante de arquitectura trabaja concienzudamente en unos planos, pronto vendrá su madre, Natividad. Pero antes llega una mujer, -Emperatriz, se presenta-, hablan de la música y ella se lamenta de que en Buenos Aires no se pueda conseguir el CD.
Poco a poco se incorporan más mujeres a la reunión. A su tiempo todas cuentan por que vinieron al país y las situaciones que vivieron al llegar. Unas pensaron que sus hijos podían tener la posibilidad de estudiar en la universidad, algo impensado en Perú, otras recibieron atención médica; o buscaban una mayor seguridad económica. También están quienes tuvieron que irse por problemas y persecuciones políticas en su país. Las circunstancias son variadas, pero la mayoría de ellas se han sentido discriminadas y han sufrido el desarraigo.
Escapar de la pobreza, de la falta de futuro, del hambre, de la pérdida de libertad, no es fácil. Migrar a otro lugar y vivir en uno distinto del de origen, más allá de las dificultades emocionales que supone, puede ser una circunstancia muy penosa, sobre todo si se está sin documentos y con una política hostil como fue la de los años ´90 en la Argentina. Los migrantes de países limítrofes que han pasado por estas situaciones, han padecido injusticias en su mayoría. Aquí el testimonio de las integrantes de la Asociación Civil de Derechos Humanos Mujeres Unidas Migrantes y Refugiadas, un grupo de mujeres que a través de la unión y el convencimiento de luchar por un proyecto de vida mejor, toman fuerzas para conquistar, paso a paso, sus derechos.
Una historia para ser contada
"Yo vine en el ´93 huyendo de Perú. Soy una refugiada migrante, vine porque me sindicaron como terrorista en mi país y bueno, lamentablemente, tenía que decir que era terrorista para adherirme a la Ley del Arrepentimiento, era la única solución, sino decía que era terrorista directamente iba a la cárcel. Vine acá, yo en Perú era padre y madre de mis hijos y estaba muy bien en ese momento, pero bueno, las circunstancias a veces te obligan", cuenta Natividad Obeso, y prosigue: “Cuando íbamos en el colectivo decían que íbamos a un lugar que se llamaba Sheraton. Yo creía que era el Sheraton, como el de Lima, grande fue mi sorpresa cuando llegué a ese lugar y era una fábrica tomada, en Cabrera y Gorriti. Fue un dolor muy grande para mí, había migrantes y argentinos, y también había mucha droga. Por las noches las balas pasaban por encima de mi cabeza.
"Yo no decía nada, porque esas personas que me habían llevado, me decían cállese porque sino la van a deportar ahora y lograron que esa psicosis se creara en mi persona. Yo, poco a poco, fui quedándome en la inclusión, con miedo, con cierto rencor a la gente y con cierto odio por estar pagando una injusticia. Había dejado mis hijos… bueno yo amanecí, y una chica sale y me dice señora, usted tiene que irse de aquí este lugar no es para usted. Yo en Perú era una empresaria, y la chica me dijo que me fuera, que allí me iban a robar, que a la vuelta había un lugar de pensión. Como migrante no podía ir a ningún hotel. Yo fui a la vuelta, me dijeron va a pagar 150 pesos, que en ese momento eran dólares, y que para eso tenía que comprar la cama, el colchón, y alquilaron la cama de arriba de la cucheta”, añade.
"Si no hubiera pasado esta situación nunca habría comprendido a los connacionales, ni tampoco a los migrantes", reflexiona con dolor y continúa "luego fui a trabajar, éramos 18 personas en un cuarto, nosotros tapábamos las cuchetas con sábanas para poder cambiarnos. Era un solo baño para mas de 70 personas, había solamente una cocina y no había nada de agua caliente, y no nos dejaban hervir agua porque se gastaba el gas.
"Yo no tenía nadie que me recibiera acá. Vine con el que ahora es mi esposo, que era el hermano de mi amiga intima en Perú. Yo estuve dos años sin identidad, dos veces me quise suicidar acá en Argentina, extrañaba demasiado a mis hijos, en algún momento de mi vida deambulé, era mucho el shock, no me acostumbraba a este lugar. Yo vengo de una provincia de Perú, acá cada uno vive su vida, yo no estoy acostumbrada a eso, yo estoy acostumbrada a que en mi pueblo todos nos conocemos, todos nos queremos, somos así y acá no era así. Sufrí mucho”.
"Un día me agarró la policía y me detuvo entrando a Coto. Me dicen documento, yo le digo no tengo porque también nos indicaban que si andábamos con pasaporte, los policías en ese momento los rompían por migrantes. Me llevaron a la comisaría, me quitaron mis cosas de oro, a mi marido una medalla de plata. Me dejaron 24 horas adentro y me dijeron que para irme tenía que hacer la limpieza de toda la comisaría.
(Emperatriz interrumpe: Ahora que te lo hagan Nati). Y Natividad prosigue: "En aquel momento dije `Ahora te tengo miedo, pero mañana no´. Lo cumplí, pero creo también que ha sido todo gracias a ese sufrimiento, que he formado la organización. Son 13 años que no veo a mi familia, porque no puedo regresar a Perú. Han muerto mis abuelos, mi padre, mis tíos, mucha familia y yo no he podido estar es un dolor que se lleva adentro, yo en Perú tengo una hermana que es como si fuera mi hija y son 13 años que no la veo, siento que pasan los años y que yo necesito regresar a mi pueblo, a mi tierra… y bueno ahí vamos caminando".
Corridas por la crisis
María Rosales llegó en 1994 porque siempre había querido viajar y conocer. "Me fui por la situación económica que vivía mi país. Acá, no me puedo quejar, cuando vine a la Argentina sufrí, como todos los que parten de su país, son costumbres distintas, pero siempre me cruce con gente muy buena, nunca me discriminaron".
Por su parte, Nancy Silva estaba pasando una mala situación económica en Perú. "Yo vine a la Argentina en febrero de 1996, hace diez años, y el motivo fue surgir económicamente, y trabajar para poder ayudar a mi familia. La situación económicamente antes de llegar era muy difícil porque no había trabajo y era una constante levantarse y acostarse pensando que comerá mi hijo, que le daré, como haré para conseguir alimento. Vinimos con mi marido a trabajar, para los hombres es un poco mas difícil. La mujer, consigue trabajó por hora, es distinto".
El derecho al estudio
“Yo cuando salí de mi país juré que al año iba a volver, pero las circunstancias hicieron que trajera a mis hijos, de 16 y 18, para que pudieran estudiar acá. Pero al ver que no podían estudiar porque no tenían documentos se nos dificultó mucho las cosas y ahí fue el drama para nosotros. Es muy feo que los hijos quieran estudiar y encuentren las puertas cerradas. No estaba permitido, y no éramos nosotros nada más, sino todos los migrantes que no tenían documentos. Así que estuve tres años tocando las puertas: Migraciones, Facultad, Derechos Humanos… a donde me mandaban yo iba, lo único que hacían era pelotearme, y nadie hizo nada, porque nadie se conmueve, nadie se compadece, nadie dice porque les vamos a negar que estén estudiando si es su derecho. Yo sufría bastante porque veía a mis hijos llorar y hasta lamentarse o echarme la culpa y decirme para que me trajiste si nosotros queremos estudiar. Nunca me di por vencida, encontré referencias sobre la organización que presidía la señora Natividad, y así fue como empezó a surgir esto de que los migrantes puedan estudiar con el pasaporte únicamente en cualquier centro de educación, colegio o facultad"”, explicó Emperatriz Flores, quien llegó al país hace siete años.
María Urbano arribó en mayo de 1996, y ya tenía familia en la Argentina. "Empecé a trabajar directamente, como todas, en casas. Mis hijos estaban chicos, yo pensaba trabajo un par de años y me voy, no se puede porque uno dice así pero si uno esta allá en Perú el costo de vida es carísimo y no puedes mantener a tus hijos, mi hija tenía 11 y mi hijo 7. Cuando terminaron la secundaria era difícil para que siguiera estudios superiores, camine por todos lados, todas las puertas cerradas, hasta que llegue acá, a la organización con la señora Natividad Obeso".
"Mi hijo vino hace un año, el vino con el fin de trabajar y al mismo tiempo estudiar, y bueno ahora está trabajando y estudiando, yo también fui padre y madre de mi hijo desde que el tenía 11 años" , informó Luz Cieza.
Las fronteras de la atención médica
"Al mes de traer a mi hijo a la Argentina se enfermó, le detectaron un craniofaringioma, en el medio de los dos centros ópticos. Era una operación muy rápida pero muy costosa en ese entonces. Mi hijo al ser extranjero y no documentado, tenía que pagar la operación en el Hospital Garrahan, mientras que para los argentinos o migrantes con documentación era gratuita. El costo de la operación era de 3.800 dólares. Hoy gracias a un argentino mi hijo está vivo. Un argentino pagó toda la cirugía, cuando mi hijo estaba siendo operado. Ese señor que pagaba todo se estaba muriendo. Eso hizo un argentino por mi hijo, en el Garrahan lo operaron de inmediato, lo asistieron, pero si yo no pagaba a mi hijo me lo derivaban a cualquier otro lugar". Y explica: "Y sigo teniendo apoyo, porque mi hijo después de esta cirugía, era la vida o la ceguera. Mi hijo perdió la vista, es discapacitado, pero acá le dan mucho apoyo al discapacitado, cosa que en nuestro país no hay. Una persona discapacitada en nuestro país lo único que hace es pedir limosna y nada mas. Acá va a la secundaria, está integrado, va a un colegio común, hace deporte. Por esa parte vivo agradecida, y siempre digo al Perú iré de vista a vivir ya no, acá tengo para comer, mis hijos se levantan y abren la heladera, allá no podía". (Nancy Silva).
La vida de las refugiadas políticas
Doria Encalada Herrero es peruana y tiene 42 años. Llegó en 1999 y a los seis meses tuvo el documento de las Naciones Unidas que le dio status de refugiada. "Mi problema en Perú fue político, pertenecía yo a un grupo de comedores que trabajaba para el gobierno, Sendero estaba fuertemente armado y amenazaban, mi vida corría riesgo y entonces tuve que salir de mi país”, cuenta.
Y añade: "yo quería estudiar porque cuando vienes al país estás sola, no tienes a tus familiares dejas todo. En Argentina hay personas buenas, pero también hay personas que se equivocan, uno llega del país, extraña, sin saber, todo le afecta, decidí unirme al grupo de mujeres, en este caso encontré a Natividad, que era una persona valerosa que también estaba dentro del programa de refugiados, me invitó a participar, y mi inquietud era estudiar enfermería y no podía. Decidí trabajar en la organización para defender los derechos de las personas. El DNI lo obtuve en el 2003, y cada 2 años lo tenemos que renovar".
“Nadie se va porque quiere”
AMUMRA existe hace un año. "En principio éramos Mujeres Peruanas, pero nos separamos. De todas maneras, nuestra lucha está hace cinco años.", explica Natividad.
El 17 de diciembre de 2003 se aprobó una nueva Ley de Migraciones que garantiza el derecho a la educación y a la salud de todos los migrantes y elimina la obligación de denunciar a todo inmigrante en situación irregular. La ley que existía hasta ese momento fue originada en la dictadura militar y tenía más de 20 años.
La presidenta de AMUMRA comenta: "Nos apoderamos de un proyecto de ley del diputado Giustiniani y trabajamos mucho sobre ese proyecto de ley y otro grupo trabajó con respecto a la amnistía. Primero éramos peruanas en la organización pero después vimos que como peruanas no éramos una fuerza y empezamos a convocar a todos los migrantes, es por eso que no existe la nacionalidad en nuestro grupo”.
"Cuando empezamos lo primero que hicimos fue una investigación de 300 mujeres migrantes para ver donde empezar. Y ahí nos dimos cuenta que el 89. 9% de mujeres migrantes sufre depresión y soledad. Esa fue nuestra gran preocupación, en general sufre mucha violencia familiar, laboral, mucha explotación. Y nosotras empezamos a trabajar mucho después de esa investigación que hicimos”.
"Actualmente estamos haciendo campañas de concientización porque la gente no sabe cuales son sus derechos, y ahora estamos trabajando con respecto a la ley del refugiado, que se va a tratar en el Congreso, espero que se apruebe. Nunca hubo una Ley de Refugiado. Y la del Migrante se cambió”.
"Es difícil a veces, luchamos mucho para que se reviertan las leyes, para que haya igualdad de oportunidades, tanto para hombres como para mujeres, migrantes, refugiados…A mi, cuando entré a trabajar, me daban las sobras de la comida. Yo lo pasé yo lo viví. Acá hay mucha discriminación, estamos cansados de que nos digan pelucas, bolitas, paraguas. Gente buena y mala hay en todo el mundo, no decimos que no hay migrantes malos, los hay, pero nosotros no tenemos que pagar lo que otros hacen. Nuestro trabajo de base es concientizar a la gente, que no somos ignorantes, que no somos gente inútil, ni maleante. Salimos de nuestros países para poder tener una buena situación de vida, no solamente económica, y que nuestro gobierno no lo brinda. La gente se va porque no están las condiciones necesarias, nadie quiere irse del país donde ha crecido, nadie se va porque quiere. En el mundo no se ocupan de las causas de la migración, solamente piensan los efectos”.
"Estamos trabajando para que haya políticas migratorias acorde a los derechos humanos. Somos mujeres, no tenemos subsidio de nadie, todo lo que hacemos lo hacemos a pulmón", concluye Natividad Obeso.
María Victoria Minetti