Claudia Jacinto, socióloga e investigadora del CONICET
“EL TITULO DEL SECUNDARIO NO GARANTIZA EL ACCESO A UN BUEN TRABAJO”
Claudia Jacinto es doctora en Sociología, coordinadora de RedEtis e investigadora del Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE-UNESCO) y del CONICET. Durante su vasta trayectoria, ha coordinado proyectos y publicado numerosos artículos vinculados a la educación y formación profesional de los jóvenes, en relación con sus primeros pasos en el mundo laboral. Con una fuerte apuesta en el mejoramiento de la educación y la generación de empleos de calidad, Jacinto comparte su análisis acerca de las herramientas que considera más apropiadas para la reactivación del mercado laboral, la igualación de oportunidades entre los jóvenes con mayor o menor formación profesional y la responsabilidad de los actores vinculados a estas problemáticas.
- En un contexto marcado por una enorme demanda laboral, por parte de adolescentes que comienzan a buscar sus primeras experiencias y criterios de selección de personal cada vez más elevados, por parte de los empleadores: ¿Qué tipo de acciones o políticas a nivel nacional son posibles de implementar con el objetivo de promover y facilitar la inserción de los jóvenes en el mercado laboral?
- Hay dos o tres cosas esenciales a tener en cuenta. El primer tipo de política que favorece la inserción laboral en general es la política destinada a promover el desarrollo productivo y, en ese sentido, lo primordial es la generación de empleos de calidad. En Argentina, hoy tenemos mayor generación de empleos que en años atrás. Sin embargo, todavía hay bolsones importantes de desempleo, que perjudican principalmente a los sectores más pobres de la población (donde se registran las más altas tasas de desocupación). Se ha mejorado mucho en los últimos años, pero todavía no hay lugares para todos.
Una segunda manera de promoverla es a través del mejoramiento y el apuntalamiento de la educación, ya que es la mayor herramienta que se le puede brindar a un joven para facilitar su inserción laboral. Nos referimos a la educación, no sólo en relación al título que se puede llegar a obtener, sino también a la calidad de lo que se aprende. Los sectores que no tienen primario completo son los que registran las tasas de empleo más bajas, pero esto no es tan así con relación a los estudios secundarios, donde se observan situaciones más diversas. Las tasas de desempleo de los pobres que terminan el secundario (en términos relativos) son también muy altas, con lo cual, el título del secundario es condición necesaria pero no suficiente para acceder a un buen trabajo. Por eso, no sólo tiene importancia el título, sino también -y principalmente- la calidad de lo que se aprende. En nuestro país tenemos un sistema educativo muy diferenciado, con un bajo nivel general de la escuela secundaria (se podría decir que en la mejor escuela secundaria de Argentina se aprende lo mismo que en una escuela de nivel medio de otros países). En ese bajo nivel general existe además un sistema muy diferenciado, donde hay una parte muy importante de los chicos que no aprenden lo suficiente. Por supuesto que existen una cantidad de problemáticas sociales vinculadas a este tema, no podemos atribuir todas las responsabilidades a la escuela únicamente.
Por otro lado, en Argentina tenemos una deficiencia muy importante en algunas carreras técnicas: hay una falta notable de técnicos para los puestos hoy disponibles, que son producto de la reactivación de los últimos años. No tenemos formados a los técnicos necesarios, porque las escuelas técnicas fueron cerradas hace muchos años y porque las que tenemos no son del nivel que se requiere.
Esas son las dos grandes herramientas para que la relación educación/trabajo se afine: la generación de empleo y la educación formal de calidad. Una vez que establecemos que esos dos ejes son los principales, hay una cantidad de medidas que tienen que ver con qué hacer con los jóvenes que buscan trabajo. Ahí, se trata más bien de políticas vinculadas con el Ministerio de Trabajo y, en algunos casos, con el Ministerio de Desarrollo Social.
- ¿Existen iniciativas de articulación entre el Ministerio de Educación y el de Trabajo, en ese sentido?
- Hay algunas iniciativas. Por ejemplo, en este momento se está por iniciar un programa dirigido a los jóvenes más pobres e impulsado por el Ministerio de Trabajo (en conjunto con el de Educación). Es un programa del Banco Mundial que apunta a varias cuestiones: promover la formación profesional, facilitar la terminalidad del secundario (para quienes sean mayores de 18 y no lo hayan terminado), apoyar pasantías e incentivar micro emprendimientos. Incluso, apunta a generar lo que se llama "ventanilla joven" en las oficinas de empleo, que se piensan como espacios de preparación para los jóvenes, de orientación laboral y desarrollo de sus competencias.
También hubo un programa muy grande impulsado por la gestión actual del Ministerio de Desarrollo Social desde el año 2004, que se llamó "Incluir" y tenía que ver más con formación profesional, capacitación y subsidios para el desarrollo de micro emprendimientos. Ese fue un programa de emergencia, que se impulsó pensando que no había empleo para los jóvenes en ese momento, con la finalidad de promover el autoempleo. Los beneficiarios tenían que hacer un curso de formación profesional y se les brindaba un subsidio para que desarrollaran un proyecto o un pequeño negocio en grupo. En términos de resultados, es poco lo que se conoce acerca de cuántos emprendimientos realmente se alumbraron con este programa y cuántos siguen en marcha (ese es uno de los problemas que tenemos en Argentina, que no se estudian los impactos).
Son ese tipo de dispositivos los que de alguna manera se llaman políticas activas de empleo, que tratan de establecer puentes entre los jóvenes y el trabajo. Probablemente haría falta trazar puentes más estrechos, en particular en lo que tiene que ver con propuestas para la educación secundaria. Hay un gran terreno de intersección de las políticas educativas con las de desarrollo y de trabajo.
- ¿Se han implementado programas de alcance universal en relación a este tipo de políticas?
- No, programas universales no ha habido. Pero creo que, tratándose de esta temática, tampoco tendrían sentido. Hay algunas cosas que sí tendría sentido implementar universalmente. Por ejemplo, respecto a la pre-inserción, la introducción de orientación educativa laboral en la escuela secundaria es algo en lo que los argentinos tenemos un enorme déficit. En la página web de UNICEF, hay un documento titulado "Diagnóstico, tensiones y recomendaciones de política en relación a los vínculos entre educación y formación laboral de la población adolescente", en donde presento una cantidad de propuestas en relación a cómo acercar la escuela secundaria al ámbito del trabajo.
En el terreno más vinculado a la post-inserción, no creo que sean necesarios dispositivos universales. Porque hay jóvenes que consiguen buenos trabajos sin necesidad de que haya una política pública específica para ello. Ese tipo de dispositivos tienen que estar dirigidos a mejorar las posibilidades de los jóvenes que tienen mayores dificultades para conseguir trabajo. Hay que tratar de orientarlos con diferentes tipos de medidas, dirigidas hacia diferentes tipos de jóvenes. Hay algunos jóvenes de clase media, por ejemplo, que no están tan formados y que no han podido adquirir experiencia laboral. Para ellos, se podría armar un pequeño programa de pasantías cortas que puedan ser consideradas como una primera experiencia laboral. Eso debería ir acompañado de orientación, que es lo que más hace falta. Mucho más cuando los requerimientos del mercado laboral argentino nos obligan a conocer finamente cómo buscar trabajo.
Después aparece la cuestión de que muchos jóvenes, aún teniendo la secundaria completa, tienen serios problemas para conseguir un trabajo. Eso está reflejando la mala escuela secundaria a la que fueron y la falta de puentes establecidos entre educación y trabajo. Ahí es donde yo creo que vale la pena implementar una política pública que se problematice acerca de: ¿Cómo hacemos con estos chicos para cubrir el déficit de formación que traen de la secundaria y cómo sería posible acercarlos a empleos de calidad? Por lo tanto, sacando las dos macro políticas que mencioné en un comienzo, todo lo demás no debe ser universal; debe apuntar a las situaciones problemáticas.
- Al comienzo, usted señaló que en Argentina no tenemos formados los técnicos necesarios y que los que tenemos no alcanzan el nivel que se requiere. ¿De qué factores depende que haya técnicos de calidad?
- Bueno, en este momento se encuentra vigente una nueva Ley de Educación Técnica, mediante la cual se creó el Fondo Nacional para la Educación Técnico Profesional (Ley Nº 26.058), con el que se está haciendo una gran inversión en las escuelas técnicas. Reconstruir eso hoy es muy complejo, porque las escuelas técnicas estuvieron abandonadas por mucho tiempo, sufrieron una desinversión muy importante y fueron afectadas negativamente por la reforma educativa de los ’90 (años en los que se consideraba que sobraban técnicos). Obviamente, la mejora de las escuelas técnicas no tiene que ver con la inversión únicamente, sino también con políticas de capacitación docente, con políticas de todos los niveles que se encuentren en íntima relación con las demandas del desarrollo productivo.
El Fondo Nacional para la Educación Técnico Profesional se está llevando a las escuelas técnicas a partir de la formulación de planes de mejoras. Cada escuela tiene que hacer un plan de mejoras, que es coordinado por el Instituto Nacional de Educación Tecnológica (INET) y las provincias. Con ello, las escuelas técnicas están recibiendo recursos para invertir en equipamiento, en capacitación docente, en la organización de pasantías, etc. Según María Rosa Almandoz, directora del INET, hasta el momento el dinero se está empleando principalmente para equipamiento y no tanto para cuestiones que tienen que ver con la capacitación docente o con pasantías. Me parece que, ante eso, las políticas educativas tendrían que hacer un proceso de orientación más fuerte, para que las escuelas pudieran tomar buenas decisiones sobre cómo llevar adelante las mejoras.
- ¿Cuáles serían los actores responsables de que efectivamente se generen empleos de calidad?
- Creo que es un tema esencialmente del Ministerio de Trabajo y de las políticas públicas económicas. Se toman muchas decisiones en función del manejo de la economía, en relación a qué sectores se van a desarrollar y qué sectores no. Por eso creo que pasa esencialmente por las políticas económicas. Después -por supuesto- por los sectores privados. Las empresas son esenciales en ese sentido, incluso creo que el Ministerio de Trabajo está más para preservar el empleo de calidad en relación con los controles necesarios y con la inspección. Pero cuando se trata de desarrollo económico, el sector empresario y los sectores privados aparecen como centrales.
- En relación a eso, la vinculación entre las empresas y las instituciones educativas, en pos de facilitar la experiencia laboral de los jóvenes, se plantea habitualmente bajo la lógica de pasantías. ¿Considera que las pasantías son esenciales a la hora de promover el empleo para los jóvenes?
- No, esenciales no son. Creo que son un dispositivo más que acerca a muchos jóvenes a una posibilidad de trabajo, pero que deben considerarse esencialmente dispositivos formativos. Lo que creo es que es imposible la sistematización masiva de las pasantías, porque es una construcción a muy largo plazo. En España, por ejemplo, de un día para el otro se constituyeron las pasantías como obligatorias para la formación profesional. Hay diferentes formatos de prácticas laborales y pre-profesionales que pueden plantearse. Primero tenemos que ver qué es lo que queremos. Si lo que queremos es lograr una mínima protección de los jóvenes en relación al trabajo y facilitarles ese período, para que aprendan lo que no pueden aprender en la educación, una práctica (aunque sea acotada) puede ser valiosa. Indispensable no es, aunque sí facilita los tránsitos en la búsqueda de trabajo, completa los deberes de la educación. Es un muy buen feedback para lo educativo, porque el pasante o el alumno que hace una práctica ayuda a mejorar la oferta educativa. Estoy de acuerdo con promoverlas en un contexto educativo adecuado, pero no si de un día para el otro debería incluírselas como obligatorias, por ejemplo.
Entrevista: Mariela Zanazzi