Desafíos Urbanos Nº 56

Datos del Observatorio del Mercado Laboral de la Municipalidad de Córdoba

"EL PEOR INFIERNO EN CÓRDOBA ES SER JOVEN Y SER MUJER"

El único sector de la población económicamente activa (PEA) del gran Córdoba en el que no se ha logrado disminuir el índice de desempleo –al punto que se mantendría en valores similares a los del 2001 y 2002- es el de los jóvenes entre 14 y 25 años. El desempleo golpea mucho más fuerte a esta franja etárea que a los adultos. Y entre ellos, las mujeres han sufrido resultados más negativos. Además, los jóvenes que sí están ocupados tienen mayores niveles de precariedad y sueldos considerablemente más bajos que los mayores de 25 años. Y hay un tercer sector, generalmente invisibilizado, de jóvenes que no trabajan, no estudian ni buscan trabajo. Así lo muestran los estudios del Observatorio del Mercado Laboral de la Municipalidad.

"En general, la desocupación ha bajado de modo muy sensible en los últimos cuatro o cinco años, pero cuando se analiza por rangos etáreos, uno encuentra que el sector de los jóvenes ha sido el más duro a la modificación, es el que ha tenido menos cambios. Desde el punto de vista de género, también la situación de las mujeres, en el sector juvenil sobre todo, ha tenido un poco de resultados más negativos todavía que el de los varones", afirma Guillermo Inchauspe, director general de Desarrollo Económico y coordinador del Observatorio Urbano, del que forma parte el Observatorio del Mercado Laboral. El Observatorio obtiene sus datos en base a los resultados de la Encuesta Permanente de Hogares en el conglomerado urbano del Gran Córdoba que incluye a la ciudad Capital junto a las localidades más cercanas como Saldán, La Calera y Argüello, que agrupa a cerca de un millón cuatrocientas mil personas.

En el primer trimestre de este año, la tasa general de desempleo era del 9, 7 por ciento. Entre los adultos de 25 a 60 años la desocupación alcanzó el 4,6 por ciento. "Por debajo del cinco por ciento está en la desocupación técnica, uno puede considerar que no hay desocupación, que ése es el grupo que está en la franja de movilidad de empleo. Una gran cantidad de las causas es por cambio de condiciones laborales y búsqueda de mejor salario", sostiene Inchauspe. En cambio, los jóvenes menores de 25 años fueron mucho más golpeados por la desocupación: entre ellos trepaba el 26, 1 por ciento, mientras que de 25 a 29 años ya bajaba considerablemente: al 5, 8 por ciento. El responsable del Observatorio explica esta diferencia: "Normalmente se toma como sector joven hasta los 30 años, pero descubrimos que tomar ese criterio en el mercado laboral distorsionaba el dato porque después de los 25 se comienzan a comportar más parecido a los adultos". Además, precisa que el grueso de los desocupados jóvenes está entre los 18 ó 20 y los 24 años: "Por debajo de esas edades no es tan alta la desocupación, porque la cantidad de jóvenes que buscan trabajo por debajo de los 18 es aún pequeña porque todavía están estudiando. Por eso el grueso está en aquellos que terminaron la secundaria, ya sea que sigan estudiando o no".

Tanto entre los jóvenes como entre los adultos, existen diferencias sustanciales de género. Cuenta que advirtieron la problemática por el contacto directo con quienes buscaban empleo: "Los mayores demandantes del (Programa Integral de Promoción del Empleo Local) PIPEL eran mujeres y mujeres en edad adulta. Después aparecieron las jóvenes. Entonces lo estudiamos para ver si era una particularidad que se dio en el contacto directo o si era general. Y lo era". Si bien esta diferencia en los niveles de ocupación a favor de los varones se da en todos los rangos etáreos, como los jóvenes son los más afectados, las mujeres menores de 25 años constituyen el grupo más crítico. "Ser joven y mujer es peor. Uno podría decir que el peor infierno es ser joven y mujer en Córdoba", afirma Inchauspe.

En el primer semestre del 2005, la tasa de desempleo de los jóvenes hasta 29 años era en las mujeres del 23 por ciento y en los varones del 19 por ciento. "El porcentaje era menor porque se incluía una franja de los que ahora cuantificamos como adultos", aclara el responsable del Observatorio en referencia a los comprendidos entre 25 y 29 años. En el segundo semestre del 2005, el total del desempleo en personas de hasta 25 años era del 17, 5 por ciento, lo que representaba 20 mil jóvenes. Inchauspe asegura que la cantidad de desocupados juveniles constituyen "un núcleo duro" e intenta explicarlo: "Porcentualmente ha subido porque bajó mucho la desocupación adulta, pero la cantidad en valores absolutos de desocupados juveniles casi no se ha modificado. No aumentan, sino que es un sector que no está teniendo fácil acceso al empleo por lo que no disminuye sensiblemente. O dicho de otra manera: los beneficios de la empleabilidad no están llegando de la misma manera a los jóvenes que a los adultos. Están llegando casi todos a los adultos y no a los jóvenes".

En la última década, los jóvenes se han incorporado masivamente al mercado de trabajo. Dentro de la  población económicamente activa, en 1998 eran 109 mil y en el 2006 eran 122 mil. "El incremento de los jóvenes en la PEA es muy grande. Se sumaron 13 mil jóvenes, lo que implica un 12 ó 13 por ciento en siete años mientras que el crecimiento vegetativo en la ciudad de Córdoba es de menos del 1 por ciento anual. No sé si los jóvenes se largaron a buscar trabajo porque había más trabajo o porque había más hambre. Si hay muchos miles de jóvenes buscando trabajo, por más que el mercado absorba, la baja no se va a sentir tanto, por eso estos 20 mil desocupados no se reducen", afirma Inchauspe. Dice que, porcentualmente, en el año 98 los adolescentes que buscaban trabajo eran menos del 20 por ciento del total de los que buscaban empleo mientras que en el 2006 llegaban el 25 por ciento, en tanto que los jóvenes de hasta 25 años pasaron del 55 al 62 por ciento en el mismo período. Por eso, asegura: "Los beneficios del empleo no están llegando del mismo modo a los jóvenes que a los adultos. No es que crece el desempleo juvenil, porque se están incorporando muy masivamente los jóvenes al mercado de empleo y tendría que producirse una gran demanda de jóvenes para que compense ese crecimiento de la PEA. De todas maneras, nos está diciendo que esos jóvenes están entrando y no están teniendo suficiente respuesta".

En tanto, entre los ocupados, la precariedad laboral de los jóvenes es porcentualmente mucho mayor que en los adultos. "Del total de jóvenes ocupados, más de la mitad, el 55 por ciento, tienen empleos precarios. En cambio, en los adultos es un tercio, el 33 por ciento. En términos absolutos, implica 71 mil jóvenes", muestra Inchauspe en base a los datos del primer trimestre de este año. Las condiciones de precariedad del empleo que se consideran son muchas ya que implican el no cumplimiento de alguna de todas las características de formalidad que deben existir: si está en blanco, tiene obra social, régimen de vacaciones anuales o aguinaldo, e incluso si percibe el recibo de sueldo.

Asimismo, el ingreso promedio de los jóvenes empleados no alcanza ni siquiera a la mitad del de los adultos. Según el informe del observatorio sobre el primer trimestre de este año, el ingreso promedio de los cordobeses era de 1238 pesos. Sin embargo, hay diferencias de género y de edad. En los varones adultos es de 1351 y en las mujeres adultas 1085. Si bien hay una diferencia importante entre ellos, ambos están cerca del promedio. En cambio, en los jóvenes de entre 14 y 35 años el salario promedio es de 684 pesos mientras que en los adultos de entre 36 y 59 años el salario promedio alcanza los 1412 pesos. "Esto puede tener que ver con que es una edad en la que mucha gente ya está en cargos directivos pero también puede tener que ver con las competencias que están faltando. Este sector es donde quedan algunas competencias que no se registran en los más jóvenes", hipotetiza Inchauspe.

El Observatorio del Mercado Laboral de Córdoba identificó también un tercer sector juvenil definido por su relación con el empleo: el de los jóvenes que no trabajan ni estudian, pero tampoco buscan trabajo. "Es la problemática más seria. En noviembre de 2005 eran 29.400 jóvenes de entre 14 y 25 años y un año después eran 25.500. Ese es el número más preocupante. En términos sociales tiene una significación distinta que los 20 mil que están buscando trabajo. Los que no trabajan, no estudian, ni quieren hacerlo, ¿dónde están?, ¿qué hacen?", se pregunta.

 

Después del infierno

"La deuda con los jóvenes es muy grande", asegura y agrega: "Es muy bueno el proceso de recuperación económica y de empleo, pero una vez que pasaste el infierno y estás bien, para estar muy bien hay que comenzar a hilar más fino, a analizar cuáles son las condiciones de lo que queda para modificarlas".

Con la provisoriedad de las afirmaciones basadas en el contacto directo con actores del sector, entre las causas probables de las profundas desventajas juveniles en el mercado laboral, Inchauspe destaca: "El mercado está demandando una mano de obra altamente calificada que no hay por eso es común que haya centros industriales que tengan gente ocupada que ya está jubilada o que están postergando la jubilación. En casi todos los sectores industriales que tienen tecnología incorporada la problemática es seria". El hecho de que los jóvenes no cuenten hoy con las competencias que el mercado laboral requiere, encuentra sus raíces en la década de los 90: "Con el proceso de desindustrialización y la desaparición de la escuela técnica se cortó la cadena de aprendizaje que comenzaba en la escuela técnica y continuaba en el lugar de trabajo. Hay un bache de más de una década donde el aprendizaje tanto teórico como práctico se redujo casi a nada. Daría la impresión que a los jóvenes se les está exigiendo un nivel de conocimiento que no están pudiendo alcanzar. Del sistema actual de educación técnica tampoco salen preparados. La Provincia tiene hoy funcionando 38 escuelas técnicas. Dicen los industriales que muchas de ellas no están en condiciones de entregar jóvenes bien formados como antes. La plantilla docente también ha sufrido esta brecha: no hay suficientes docentes capacitados. No siempre el equipamiento que tiene la escuela tiene que ver con las competencias que el mercado está demandando". A la desaparición de la industria y de la escuela técnica en los 90, se suma "el sobredimensionamiento del sector terciario y el deterioro de la escuela pública".

A contramano del sentido común, Inchauspe sostiene que por eso "no es cierto" que a los adultos mayores no los emplean: "La desocupación en el primer trimestre de este año en mayores de 60 años es del 5 por ciento. La gente piensa que las personas mayores no consiguen trabajo. En realidad, si saben hacer algo, no hay forma de que no consigan. En las industrias, las personas mayores hoy están pidiendo por favor irse. Encontrar un soldador, un matricero es difícil. A lo mejor, Volkswagen o Renault no tomen una persona de esa edad, porque quizás prefieran tomar uno más joven sin capacitación y capacitarlo porque en una empresa de mil empleos, once personas a capacitar no representan nada en su fuerza laboral. Ahora, en una pyme de 50 empleados que no tiene esa capacidad, dos personas a capacitar constituyen una masa enorme y es muy fuerte esto de retener a las personas de más edad".

Dice que cuando comenzaron a detectar esta situación en los jóvenes comenzaron a focalizar la política de empleo municipal: "En el PIPEL nuestra política fue de discriminación positiva: orientamos la mayor parte de nuestras acciones hacia los jóvenes, poniendo el acento en las mujeres". Sostiene que entre los jóvenes que se capacitaron en la Escuela Municipal de Trabajo que trabaja junto con gremios y cámaras empresarias, se registra "un factor de ocupación del 80 por ciento antes de los seis meses". "Creemos que esto tiene que ver con la estrategia de capacitación: capacitamos en función de la demanda, no de la oferta. Hasta que no aparece una empresa que demanda, no capacitamos, tratamos que la currícula la oriente el sector privado y los capacitadores en muchos casos son los que elige la empresa. En algunos casos en que la necesidad de mano de obra era muy fuerte hubo gente que no había terminado los cursos y la han empleado antes. El empresario detecta el alumno que se destaca y prefiere capacitarlo in situ a su costo y no esperar a que termine", afirma.

Cuenta que se encontraron con mucha gente que alguna vez tuvo un emprendimiento particular, a quienes la crisis empujó al mercado de trabajo, "pero que en realidad su inclinación natural no era el empleo sino la posibilidad de generar su propio emprendimiento". Afirma: "Al encarar un plan integral de empleo pudimos contemplar la situación no sólo de quien quería ser empleado, sino también la de quien estaba en condiciones de resolver su situación por otro camino."

Considerando la evidente incidencia del nivel educativo en la ocupación (según los estudios del observatorio son variables directamente proporcionales), impulsaron la alfabetización y la terminalidad educativa. "Había mucha gente sin instrucción e impulsamos la terminalidad educativa. Es una dificultad porque la gente necesita trabajar hoy, pero hay que convencerlos de que el trabajo que va a conseguir hoy va a ser bastante distinto al que va a conseguir una vez que lea y escriba. Fue un desafío que la gente asuma esa carencia como una necesidad estratégica en su vida de cambiar", cuenta.

"El esfuerzo del Municipio sólo puede ser módico porque el tema del empleo no era una competencia desarrollada en un gobierno local, y el presupuesto y la magnitud que iba a tener no iba a ser de gran impacto", reconoce y enumera: "Pensamos que hemos logrado intervenir positivamente en un veinte por ciento del total de desocupados de Córdoba. Son los que pasaron por el PIPEL y de algún modo canalizaron su inquietud, no siguieron en la condición en que estaban". De todos modos, Inchauspe concluye: "La asignatura pendiente del empleo hoy tiene que ver con el empleo juvenil, con algún acento en el empleo femenino y con la calidad del empleo y el ingreso de los jóvenes".

María Soledad Segura