Cuatro historias de vida joven marcadas por la problemática laboral
"TRABAJAR Y ESTUDIAR SE NOS HACE MUY CUESTA ARRIBA”
Marcos Antonio Rodríguez, de Villa El Libertador, 24 años. María Elizabeth Banegas, de Barrio Ciudad Obispo Angelelli, 24 años. Alexis Jonathan Villarreal, 22 años, de Marcelo T. de Alvear. Carolina Ruiz, 22 años, de Estación Flores. Cuatro experiencias diferentes en relación al mundo laboral, pero signadas por algunos denominadores comunes. Vulnerabilidad económica y social que les dificulta completar estudios, pasos por programas sociales con contraprestación laboral, explotación en empleos precarios. La incertidumbre generada por sus condiciones de vida contrasta con la firme certeza de sus deseos. Sus proyectos personales son pensados junto con el compromiso social con la gente y la realidad que viven.
Aunque han llegado a diferentes niveles educativos, el estudio aparece en todos los casos como una limitante de su trayectoria laboral. Marcos y Carolina terminaron el secundario pero no pudieron seguir estudios terciarios porque las escuelas públicas en las que habían cursado no les entregaron la documentación necesaria a tiempo. Esta irregularidad los obligó a postergar sus proyectos y hasta a abandonarlos. Así lo cuenta Marcos: "A los estudios los abandoné. Hice año y medio de Martillero y tuve que abandonar porque la escuela secundaria Blanca Etchemendy no me entregaba el certificado analítico porque se perdieron unos expedientes. Me anoté en Comunicación Social en la Universidad Nacional. Hice tres veces el intento, y las tres veces tuve que dejar por el mismo motivo. Después de cinco años de haber terminado el secundario, la quinta vez que me anoté en la facultad ya perdí las ganas de seguir estudiando". A Carolina le pasó lo mismo: "Terminé el secundario en el 2005. Iba a meterme en la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea en Buenos Aires. Me gustaba mucho y tenía la oportunidad de estudiar lo que quisiera cobrando un sueldo y lo único que tenía que hacer eran tareas administrativas ahí. Me anoto, estudio durante seis meses, pago todo, hago un gran tramiterío, nos presentamos, pero como los papeles de la secundaria República Argentina no estuvieron a tiempo, no pudimos rendir. Nos quedamos acá y perdí el año porque a esa altura no me podía presentar en otra carrera. A mediados de año hice un curso de (la Agencia para el Desarrollo Económico de Córdoba) ADEC de Ofimática avanzada, tareas de oficina con uso de computadora. Cuando terminamos, hice una pasantía de cuatro meses en una librería. Cuando la terminé, me fui a Buenos Aires cinco meses a vivir a la casa de mis abuelos. Volví y este año rendí el ingreso a Turismo y Hotelería en la Escuela Montes Pacheco, pero no me dio el puntaje para ingresar".
María, en cambio, sí pudo ingresar a la universidad, cursó la mitad de la Licenciatura en Trabajo Social en la Nacional, pero hace un par de años que no puede avanzar. "Me estanqué en tercer año. Después de dos años de haber dejado la Facu, este año con toda la motivación intenté retomar, pero me fue mal". A María comenzó a hacérsele difícil continuar con su estudio cuando sufrió junto a su familia una de las compulsivas erradicaciones hacia las "ciudades- barrios" en las afueras del casco urbano realizadas durante la administración del gobernador José Manuel de la Sota. "Antes vivía en una villa en Mirizzi y cuando salió el programa provincial Mi Casa Mi Vida nos erradicaron de ahí a Camino a San Antonio km 8 y 1/2 donde estamos ahora. Fue un cambio rotundo, sí se mejoraron las condiciones de hábitat y que mis padres tengan su casa les da cierta tranquilidad. Lo que se complicó mucho es que uno se fue mucho más lejos, y por eso fui tomando distancia de las amistades y tuvo que abandonar el ritmo que traía donde estaba anteriormente", lamenta.
Alexis no llegó a terminar la secundaria: "Yo tengo el CBU incompleto y ahora estoy tratando de retomar las materias para rendir y terminarlo para después, cuando ya esté trabajando, hacer una nocturna. Yo había dejado tres años y cuando volví había diferencia de edad. Yo tenía 15 años y entré a primero de nuevo. Tenía 17 en tercero, ya estaba más grandecito y no me gustaba estudiar así. En diciembre de 2001, cuando me contacto con Barrios de Pie ya estaba terminando la escuela. Después, en el verano ya no iba más al colegio y me quedé haciendo eso. No volví porque ya estaba grande. Pensé en buscar un trabajo pero no quería que me exploten sino algo comunitario, de poca plata, pero más de onda, de lo que yo pudiera dar. Así que fue así: hice algo de lo que yo quería, pero sin terminar el colegio. Y a los tres años, ahora, empecé a estudiar de nuevo para rendir esas materias". Además, en este momento también está haciendo un curso de Ayudante de Matricería que da la Unión Obrera Metalúrgica para jóvenes de sectores vulnerables. "Venía participando en el grupo de jóvenes de Radio Sur y me entero que había una capacitación. Yo había estado buscando una capacitación en eso mismo tres meses antes porque me gusta lo que es fábrica, los fierros…. Me voy para el local que me dijeron y era de Barrios de Pie, el movimiento donde yo había estado participando siempre. Son tres cursos consecutivos, sólo que ahora tienen dificultades para largar el segundo que es el más complejo". Alexis está contento porque estas capacitaciones son "un puente entre el estudio y el trabajo". Así lo explica: "Hace cinco años que no estoy escribiendo ni haciendo nada de estudio y esto es volver a hacer eso y pensando en un trabajo también. El curso de ayudante de matricería es lo mejor porque para ser matricero tenía que comenzar ad honorem, ser explotado por una matricería gratis o en negro y después recién podría tener experiencia y que me tomen como matricero. Y esto me esquiva de pasar malos ratos en un trabajo informal porque con esto tenés una experiencia para largar y que te reconozcan en una metalúrgica. Además, es un curso pre-ocupacional: nos capacitan y nos van a dar un trabajo en algún lado a prueba y si les gusta como trabajás, ya quedarás ocupado ahí y si no quedás, te queda la experiencia en ese ámbito laboral para irte a Fiat, Volkswagen, Renault… con la reactivación que hay".
Precariedad
"Trabajo estable, en relación de dependencia, con contrato de por medio, en blanco, no he tenido", dice María y refleja así la situación de la mayoría, excepto de Marcos que hace poco consiguió empleo estable.
Marcos, Alexis y María comenzaron su experiencia laboral realizando servicios como contraprestación de planes sociales como el Plan de Emergencia Comunitaria (PEC) y el Plan Familias por la Inclusión Social. Así lo define María: "Son como trabajitos que salen". Los planes sociales fueron mediados por organizaciones sociales, en las que encauzaron la militancia y el compromiso con sus comunidades. Alexis cuenta: "En Barrios de Pie yo hace seis o siete años venía militando por medio del barrio. Por mi primo que estaba alfabetizando con ellos, me prendí en un par de marchas porque me parecía justa esa causa. Después, mi abuelo me dice que están dando planes y vamos a un asentamiento de Barrios de Pie en General Savio. Me dicen que están anotando para el Plan de Emergencia Comunitaria. ‘Después tenés que ayudar en el comedor para cubrir las horas’. Le dejo mis datos y dice ‘Justamente ahora te tomamos así nomás los datos porque vamos a una marcha porque se cayeron unos planes sin justificación’. ‘Vamos’, le dije y ahí comencé a militar y ya seguí ad honorem sin ni siquiera el plan. Empecé a ayudar en el comedor, en el grupo con jóvenes. Después me sale el plan y comienzo a full. Me quedaba todo el día ocupado ahí: a la mañana la copa de leche, la guardería en el mismo horario, el comedor al mediodía, alfabetización de adultos a la siesta y a la noche el grupo de jóvenes. Cuando se cerró el grupo de Savio, yo quedé boyando sin tener dónde participar, así que me voy a otros grupos que conozco, pero a participar en jornadas donde se junten todos. Del movimiento sigo cobrando el PEC, ya van a ser tres años. Primero había comenzado cobrando una beca de 70, 80, 150 pesos y después recién me subí al plan para poder compensar las horas que hacía".
María también cobraba el PEC y ahora se lo pasó a su mamá pero sigue realizando la contraprestación en su lugar: "Casi dos años estuve participando activamente de 19 de Diciembre Frente Barrial, un movimiento político que está más fuerte en Buenos Aires. Empezamos con un comedor en Anexo Inaudi, donde se asistía a los ancianos y a los niños del barrio. También estuve alfabetizando con el programa Yo sí puedo coordinado con la Muni. Ahí hubo un corte. Pero ahora cayó otro programa de la Municipalidad que se llama El Encuentro, pero lo haría en mi barrio. Yo estaba cobrando el PEC a través de este movimiento y le dije a la encargada, a la puntera política de ahí, que se lo diera a mi vieja y que yo iba a cubrir las horas por ella, así que actualmente estoy cubriendo las horas de mi vieja y ella recibe el plan. Ella no puede hacerlo porque atiende un kiosco en mi casa y quedaría sola la casa".
Marcos tuvo mejor suerte, después de la asistencia social, el Estado lo contrató: "Hace seis o siete años que estoy en Barrios de Pie. Entré por mi vieja que estaba cobrando un Jefes y Jefas de Hogar y estaba cubriendo las horas en un comedor de Barrios de Pie y me dijo que en la parte administrativa del movimiento en la Municipalidad estaban necesitando gente. Había otra chica, ella dejó de ir y ya quedé yo ahí. Estuve dos años trabajando ad honorem sin cobrar ningún plan, por los cospeles y la comida, apenas salió el PEC me inscribí primero que todos y ahí comencé a cobrar el plan durante un año y medio o dos años hasta que nos contrataron. Hace dos años que trabajo en la Municipalidad de Córdoba en el Área de Capacitación para el Desarrollo Social. El trabajo consiste en capacitar a la gente en desarrollo social, ciudadanía, derechos humanos, salud, programa Juana Azurduy… Me gusta, pero como es capacitación, tenés un tiempo que tenés trabajo y otro que estás aburrido. Me da seguridad porque tengo un empleo fijo con un sueldo fijo, así que ahora nomás hay que cuidarlo".
Su compromiso social, también se canalizó por la escuela y organizaciones no gubernamentales. Marcos hace siete años que está participando en el grupo de jóvenes de Radio Sur y se enorgullece de ser "uno de los que inició el programa La Esquina hace cinco años", donde fue cambiando de roles: corresponsal, co-locutor, coordinación de piso, producción, relaciones públicas, y ahora trabaja ad honorem como operador. Desde hace tres años también es asistente del Taller de Fotografía que se da en la Radio por lo que cobra una beca. Como si todo esto fuera poco, trabaja como promotor de salud. "Comencé en el secundario con el programa Lusida. Durante dos años tuvimos una beca. Después pasamos a la radio, donde encontramos el grupo de jóvenes de Cecopal. Durante cuatro años estuvimos capacitando en talleres con el grupo de Villa El Libertador, Parque Liceo y después de dos años se integró también Estación Flores", cuenta. Para María, el subsidio es ahora su principal empleo: "Actualmente sí estoy trabajando como asistente docente en el programa Familias por la Inclusión Social que está desarrollando apoyos escolares primarios y secundarios. Me llamaron de Cecopal junto con un par de chicos del grupo de jóvenes que teníamos el secundario completo. También estamos con el programa Familias a través del Foro Joven trabajando en unos talleres de salud sexual y reproductiva en el Centro Vecinal de Parque Futura con un grupo de mujeres".
María, Alexis y Marcos han participado del Foro Joven de la Zona Sur, “un espacio por los jóvenes y para los jóvenes" que fue impulsado por la Municipalidad desde el Plan Estratégico para la Ciudad de Córdoba "con la intención de que los jóvenes desde los distintos CPC de la ciudad pudieran autogestionarse y elaborar herramientas educativas, de salud, pensadas desde los jóvenes en la realidad que uno vive", según dice María. Desde el Área de Seguridad y Derechos Humanos del Foro, salió la propuesta del Programa Seguro te Divertís. Alexis relata: "Queríamos un poder más juvenil y no había en la noche ningún joven con poder, eran los más vulnerados y los más inofensivos, no tenían poder como la policía ni como los dueños de los boliches. Entonces salió que tenemos que hacer algo en contra de las cosas que se estaban viendo en la noche y los problemas que tenemos los jóvenes. Después de esa pequeña experiencia lo aprobó la Municipalidad, nos largaron la plata de Nación para hacerlo más grande en toda la ciudad y pasó a depender de la Secretaría de Derechos Humanos de la Municipalidad". María agrega: "Estuvimos trabajando campañas de salud y derechos humanos. Lo que intenta el programa es poder concientizar a los jóvenes que salimos todos los fines de semana y nos divertimos de tomar cierta prudencia, cuestionarnos a qué llamamos seguridad. Actualmente está todo paralizado por los tiempos internos de la Municipalidad. Esperamos que se pueda institucionalizar ese espacio y pueda ser una política de la Municipalidad".
Carolina es la única que no recibió un plan social, pero trabaja en uno de los paradigmas de los nuevos empleos precarios impulsados por la gestión delasotista en nuestra provincia: un call center. "Entré después de cuatro entrevistas durante una semana. No es el trabajo ideal para nadie, pero yo estoy hace ocho meses ya y bastante bien. Si uno mentalmente no está preparado, a los dos días, agarrás tus cosas y te vas. Yo trabajo en atención al cliente de Movistar, adonde la gente llama para quejarse. La gente se enoja, te insulta mucho, insulta a la compañía. Y uno tiene que estar preparado para decir ‘estoy acá, le resuelvo el problema si puedo, y si se quiere enojar, se enoja’ porque tengo que cortar y atender a otro capaz peor. Son seis horas, una llamada tras otra. Tenés que cumplir objetivos como que las llamadas no excedan los dos minutos. Está todo regulado, nada es al azar, no le podés decir cualquier cosa al cliente, hay pautas de atención y de información. Van cambiando todas las semanas así que las tenés que leer, actualizar la información y no te podés equivocar. Te graban sin que vos sepas una vez por semana, si te equivocás tres veces al mes te echan. Si tu tiempo semanal de llamada es de más de dos minutos durante dos meses, al tercer mes te echan. Tenés que cumplir otras pautas: no podés llegar tarde, tenés que ir subiendo la cantidad de llamadas. Cuando yo ingresé tenía que atender 30 llamadas por día, hoy atiendo 200 y no puedo retroceder, tengo que avanzar. Hay semanas que hay un supervisor que se sienta atrás y te escucha cuando atendés, si te equivocás, te dice ‘te estás equivocando, no, atendés mal’. Hay mucha presión. Entra gente todos los meses y todos los meses hay gente que renuncia y se renueva, la gente no aguanta. Hay gente que la despiden, gente que se tienta y hacen fraude a la compañía. Como tenemos acceso a todos los programas, hay gente que se acredita crédito a su línea o que utiliza la tarjeta de un cliente para pagar su línea o la de un amigo. Es mucha la tentación y mucha presión. Cuando ingresé me costó muchísimo acostumbrarme".
Certezas
En sus planes a futuro se manifiestan las satisfacciones con sus logros y los deseos de alcanzar lo que aún no consiguen. La incertidumbre de sus condiciones de vida contrasta con las firmes certezas de sus proyectos. Así lo dice Marcos: "Tendría que retomar los estudios que abandoné, seguir con mi trabajo y comenzar a hacer los cimientos de mi casa". En estos jóvenes visceralmente comprometidos con la vida de quienes viven situaciones similares a las suyas, el proyecto personal se junta con los ideales sociales. "Me gusta la participación en espacios sociales, lo que sea que te ponga los pies en la tierra. Y capacitarme en un oficio como lo estoy haciendo y espero que siga, para después poder trabajar. Y ya con plata, es como trabajar y hacer la mía, por un lado, sin dejar de poner los pies acá" dice Alexis y explica- "Me crié con eso de chico, con miedo primero por cosas violentas que pasan como ver un chico desnutrido tomando agua sucia, después vos sos más grandecito y ya lo podés ayudar, y después ya más de grande supongo que lo voy a poder ayudar más. Esa es mi idea: progresar en el trabajo, con una formación laboral y después poder seguir haciendo las cosas sociales en un grupo chico del barrio o algo grande, macro, si está el Estado involucrado en un cambio social, mejor y si no, seguir remándola como hasta ahora". María, por su parte, piensa: "Supongo que cuando me reciba podré profundizar más la práctica que fui adquiriendo en estos espacios en los que vengo participando y poder ayudar, intermediar, en un montón de cosas para las que me siento capacitada, pero depende de una predisposición mía y de un mejor panorama, porque para nosotros esto de trabajar y estudiar no es fácil y se nos hace muy cuesta arriba. Si no trabajás, sabés que no llevás un sustento a tu casa y eso te va poniendo obstáculos. Actualmente me siento con la incertidumbre de cómo seguir. Supongo que el año que viene trataré de sacar esa materia en febrero- marzo para poder cursar alguna. Ese sería el próximo desafío". Carolina, finalmente, relata: "Ahora estoy en una etapa de toma de decisiones tremenda porque en el trabajo me ofrecen la posibilidad de ir a atender para otra compañía y uno siempre tiene la incertidumbre de si será para que te echen o para quedarte. A mí lo que me gusta ahora es que tengo 20 años y conseguí lo que quería que era independizarme un poco de mis viejos: vivo con ellos, pero ya no tengo que pedirles plata, y puedo ayudarlos, eso me da un gran alivio. No me siento inútil porque trabajo. Lo que no me gusta es que salí del secundario y van dos años que no estoy estudiando nada. Tengo un abanico de posibilidades porque me gustaría estudiar todo. Me gustaría ir avanzando más, poder estudiar, tener un título y no trabajar de esto, sino de lo que quiero. Lo voy a intentar el año que viene, pero le tengo miedo al ingreso porque si estudio tengo que estudiar en la Universidad Nacional porque las privadas son muy caras. De chiquita soñaba con ser abogada. Me gusta porque no me gustan las injusticias. Si fuera abogada no sería la clásica que por dinero defendería a cualquier persona. Tengo ideales y me gustaría ayudar a la gente que no tiene, a los que los joden con plata, a los que están desamparados, a los que no conocen sus derechos. Es una proyección de lo que estamos haciendo ahora con el grupo de Jóvenes. Para mí es una posibilidad de cambiar el mundo. Y yo creo que con un estudio así uno puede hacer mucho".
María Soledad Segura