LA CUMBRE DE LA IGUALDAD SOCIAL
Las polémicas desatadas por la decisión uruguaya de autorizar la puesta en funcionamiento de la pastera Botnia o el debate planteado alrededor de las inversiones españolas en la región desdibujaron, en buena medida, la cuestión central que debía analizar la XVII Cumbre Iberoamérica reunida en Chile, durante la segunda semana de noviembre: "Cohesión social y políticas públicas para alcanzar sociedades más inclusivas".
Y más allá de la trascendencia de los incidentes que dominaron la reunión entre los 22 jefes de Estado y de gobierno de América Latina, España, Portugal y Andorra, es una pena que la discusión del tema fundamental de la Cumbre no haya alcanzado la profundidad ni los resultados esperables en un área del planeta donde la brecha de la equidad es realmente abismal.
La aprobación de un Convenio Iberoamericano de Seguridad Social y la creación de un Fondo dotado con unos 640.000 dólares para su puesta en vigor durante tres años financiado por España, México y Chile, junto a la promesa de España de financiar un Fondo Iberoamericano del Agua Potable con 1.500 millones de dólares aparecen como insuficientes en una región donde la tremendamente desigual distribución de la riqueza se traduce en la solidificación de cada vez más amplios escenarios de “pobreza dura”, segregación territorial y aumento de la violencia en los centros urbanos.
Y esta situación se produce en un contexto en que las economías latinoamericanas crecerán a más del 5% en 2007, completando seis años de crecimiento sostenido, lo que indica que sin la existencia de políticas públicas expresas que conduzcan al desarrollo y a la equidad no podrá revertirse el dramático panorama social, signado por 194 millones de pobres (un 36,5%) y 79 millones de indigentes (un 13,4%), según contabilizó el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero.
En la Declaración de Santiago, suscripta por todos los gobernantes, se afirma el compromiso de trabajar por "el objetivo común de progresar hacia niveles crecientes de inclusión, justicia, protección y asistencia social y a fortalecer los sentimientos de solidaridad, de pertenencia e identidad sociales".
Sin embargo, esa declaración no refleja los incipientes y decisivos debates de Santiago de Chile sobre si es posible la cohesión social y la distribución de la riqueza sin una transformación sustancial de las estructuras sociales y económicas para que Latinoamérica no siga siendo la región donde, en palabras del ecuatoriano Rafael Correa, “los ricos son más ricos que en Suiza y los pobres son más pobres que en Africa”.