Desafíos Urbanos Nº 57

Unidhos, la organización que lucha contra el paco en Villa El Libertador

“EN NAVIDAD, VENDIAN LA DROGA COMO SE VENDE LA PIROTECNIA”

El consumo de diversas drogas entre adultos, jóvenes y niños de Villa Libertador es una realidad que se ha ido naturalizando a través de los años. Pero hace unos pocos meses, el paco -que venía siendo una problemática del conurbano bonaerense- también comenzó a circular por las calles de ciertos barrios cordobeses. En la zona sur de la ciudad, esta aparición alarma a los vecinos y a los colectivos sociales que allí trabajan. Desafíos Urbanos se acercó a Unidhos, una organización de derechos humanos que hace más de siete años comenzó a trabajar en Villa El Libertador, para que sus miembros nos cuenten acerca de las causas y consecuencias de la aparición del paco en la comunidad.

 

Hace tiempo que los habitantes de Villa El Libertador se han ido acostumbrando a las problemáticas que la drogadicción genera en la sociedad. Factores como la desocupación, el trabajo infantil, la deserción escolar, la delincuencia y la complicidad policial fueron creando las condiciones para que el narcotráfico se instalara en la zona y encontrará allí una cantidad creciente de consumidores. Este marco hizo posible que, en los últimos meses, el paco comenzara a circular entre los jóvenes del barrio. 

Así lo explica Alba Romero, una de las integrantes de Unión por los Derechos Humanos (Unidhos), que hace ya tiempo viene compartiendo la realidad cotidiana de los niños mediante las actividades que la organización realiza en el lugar. Entre el último trago de leche y la consulta por los deberes de matemática, los niños que asisten a la casa de Unidhos van comentando sus experiencias y problemas. Y la droga aparece muchas veces como una anécdota más: "La hija de aquel señor, que va a tercer grado, nos regala raviolitos en la escuela", le comentó a Alba uno de los niños que asiste al local de la organización. Ella, confundida, preguntó "¿que raviolitos?", intentando comprender la jerga. "Los raviolitos -dice el niño haciendo referencia a envoltorios que contienen cocaína- para que nosotros probemos".

"Para ellos es parte de su vida", precisa Alba a Desafíos Urbanos, en relación a la naturalidad con la que los chicos hablan del tema. Sin embargo, desde Unidhos se resisten a aceptar las graves consecuencias que la droga está generando en la comunidad: "Si bien es cierto que el gobierno militar generó un genocidio producto del terrorismo de Estado, hoy tenemos otro nuevo genocidio que es la destrucción de los jóvenes esencialmente a través de la droga", expresan.

 

La droga más cara para los pobres

En diciembre pasado los miembros de Unidhos se enteraron de que no se conseguía marihuana en el barrio: "parecía que, para decirlo en términos economicistas, vaciaron el mercado para poder imponer el paco", dice Alba Romero dejando entrever uno de los factores detonantes de la aparición de esta droga, elaborada a partir de los residuos de la cocaína. Esta explicación coincide con las que suelen establecerse respecto al inicio del consumo de paco en la ciudad de Buenos Aires: después de la crisis de 2001, debido al fin de la convertibilidad, los vendedores interrumpieron la distribución de marihuana y cocaína para incentivar el consumo de la droga colombiana conocida como "basuco", que en Argentina pasó a denominarse "paco". Fue así como su venta fue expandiéndose en nuestra país hasta llegar a Villa Libertador.

Además de ser una droga altamente tóxica, Alba explica que uno de los problemas mas graves del paco es que "produce un efecto muy rápido, pero dura muy poco, segundos, entonces rápidamente se necesita volver a consumir". Esto permite relativizar la creencia de que el paco es la droga más barata y, por lo tanto, ´la droga de los pobres´: "es la droga más cara para los pobres, termina siendo carísima en todo sentido, pero en particular económicamente porque se necesita consumir enseguida otra dosis", asegura la mujer.

Los efectos psicológicos que genera esta sustancia son también muy difíciles de sobrellevar. A la intensa sensación de euforia y éxtasis, le sigue una angustia igualmente intensa. "Tenemos muchos casos de suicido por paco en Córdoba: ya hay más o menos entre ocho o nueve en la ciudad que no se publican en ningún lado", cuentan desde la organización de Villa El Libertador. "Esto nos está descerebrando los niños, es espantoso, son verdaderos zombis", revela Alba y precisa que la situación se agrava debido a que, muchas veces, los padres de los adictos no quieren darse cuenta a pesar de que ven cómo el joven empieza a llevarse cosas del hogar para venderlas y así poder seguir consumiendo. "Saben que hay un problema, pero no saben como encararlo y además les duele mucho asumir que su hijo esta enfermo".

De cualquier manera, la pasta base en la zona sur de la ciudad no existe en grandes cantidades y no ha llegado a los niveles de consumo de la provincia de Buenos Aires. Y un dato fundamental en este sentido es que, según afirman desde Unidhos, todavía no hay cocinas de paco en Villa El  Libertador. Impedir que esto suceda fue lo que impulsó a la organización a hacer una radio abierta en el barrio el verano pasado, ya que consideran que hacer pública esta problemática puede ayudar a evitar la instalación de lugares dentro del barrio donde se produzca pasta base. La presencia de cocinas implicarían un aumento de la drogadicción, pero también un incremento en los niveles de violencia y delincuencia en la comunidad.

 

Un problema social

Cuando se describen los graves efectos que el paco causa en la salud, cuesta comprender qué puede llevar a un joven a tanta autodestrucción. Pero con sólo asomarse a la realidad que deben enfrentar desde su infancia muchos de los habitantes de Villa El Libertador, alcanza para volver un poco más entendibles las causas de este fenómeno. Ya a los diez años, muchos niños deben abandonar la escuela y salir a trabajar o rebuscárselas en la calle para poder subsistir. En varios casos, a esto se suma la ausencia de los padres, la falta de un hogar, la violencia familiar como una realidad cotidiana y la imposibilidad de acceder a un espacio de contención.

Así, desde Unidhos consideran que el origen de la drogadicción en los niños esta totalmente vinculado con un problema social más profundo: "Tiene que ver con la falta de sentido en la vida que tienen los chicos y los adultos, y los niños se están criando en eso. La devastación del país que nos produjo el neoliberalismo llevó a que la gente no tenga idea de futuro, y lo más grave de esta situación es que se ha naturalizado".

Como un círculo vicioso, la droga agrava a su vez las mismas situaciones que llevan a los jóvenes a consumir.  Alba cuenta que los chicos que no pueden ir a la escuela y tampoco tienen posibilidades de trabajar para vivir dignamente, terminan enfrentando esa realidad a través del robo; "ese mismo círculo los va llevando a consumir y una vez que consumieron, necesariamente tienen que seguir robando".  Así es como la drogadicción va generando un aumento de la delincuencia, lo cual termina también afectando a los niños que están mas contenidos, ya que no pueden disfrutar de su barrio porque sufren los robos y las situaciones violentas que la drogadicción genera entre sus pares.

 

“Mientras más policías, más delito”

Los adolescentes de Villa El Libertador no sólo se ven afectados en esta problemática como víctimas del narcotráfico, sino que también quedan involucrados en la venta misma, al tener menos riesgos que sus padres. Movilizada también por esta situación, Alba Romero se acercó a una de las jóvenes que comenzó a vender droga a los 15 años para poder ayudar en la subsistencia de su familia, ya que su hermana es parapléjica, y su madre, ciega. "A ver, vos sabes lo que te va a pasar con esto", le dijo la mujer intentando hacer reflexionar a la chica. "No, no importa porque como yo le aviso al comisario donde se esta vendiendo para que a el le pasen la coima, entonces a mi me deja vender tranquila", le contestó la joven.  

Son muchos los relatos y situaciones de este tipo que evidencian la fuerte complicidad que existe entre algunos segmentos policiales y los narcotraficantes del barrio.  "Durante la navidad fue una cosa espantosa como se vendía en la zona, había tabloncitos en la vereda, como quien pone pirotecnia, y había marihuana, pastillas y cocaína", describe la mujer integrante de la organización de derechos humanos.

Pero esta facilidad que encuentran los vendedores no se reduce a Villa El Libertador: Unidhos tuvo que cerrar un local que tenía en el barrio Colonia Lola, porque la misma gente que estaba a cargo del comedor vendía droga desde su casa. En esa zona, hace poco más de tres meses fue arrestado uno de los mayores narcotraficantes de la ciudad, conocido como ´El Gallo´, pero desde la organización -que luego del episodio decidió trasladar la casa al barrio Miralta- denuncian que "se sigue vendiendo y el grueso del negocio se ha trasladado hacia San Vicente, dónde hay gente ligada al gobierno y a la policía que ampara a los que venden, por lo que es imposible tratarlo".

A esta paradójica actuación de sectores de la fuerza policial frente al narcotráfico se suman los arrestos arbitrarios a los jóvenes de barrios marginales. Esto lleva a los miembros de Unidhos a tener muy clara su postura frente a la represión: "Nosotros no pedimos bajo ningún punto de vista más policía. Es más, creemos que mientras más policía hay, más corrupción y más delito hay, es directamente proporcional. La institución policial esta corrupta, como el Estado".

La connivencia de miembros de las fuerzas de seguridad con el narcotráfico afecta además a las posibilidades de los vecinos de enfrentar el problema de la drogadicción, ya que, como resalta Alba, "la gente tiene mucho miedo y no denuncia" porque sabe que no tiene quien la defienda.

 

Políticas de Estado

El trabajo que Unidhos comenzó a realizar en los últimos meses para abordar la fuerte presencia de la droga en el barrio tiene como principal objetivo reclamar al gobierno que cumpla con su deber frente a esta situación. "Nuestra política es exigirle al Estado, si realmente le preocupa, políticas reales para ir disolviendo esa problemática y que los niños que hoy tienen la adicción tengan una recuperación". Es que, en la ciudad de Córdoba, pese a que existen algunos lugares para la recuperación de adictos, no son realmente accesibles para muchos consumidores que necesitan contención.

A su vez, allegados a los miembros de Unidhos en el área de Salud de la Municipalidad de Córdoba, confesaron que los médicos aún no saben cómo tratar los efectos que la pasta base produce en el organismo, ya que esta droga es altamente destructiva a nivel neuronal y los especialistas no han tenido experiencias que les permitan conocer un procedimiento adecuado para su cura.

Según Alba, sólo existen algunas políticas estatales que son poco efectivas para enfrentar la drogadicción, como talleres con modalidades y contenidos que están alejados de la realidad que viven los jóvenes consumidores. Además, estos proyectos suelen presentar grandes obstáculos burocráticos que en nada ayudan a facilitar la recuperación, a lo que se suma la ausencia de espacios preventivos, que estén destinados a los niños y adolescentes que aún no sufren la adicción, pero están muy expuestos a esa posibilidad.

La justicia también está implicada en esta problemática: luego de que Unidhos denunciara públicamente una realidad hace tiempo conocida por los vecinos de Villa El Libertador, la fiscal federal Graciela López de Filoñuk citó a los miembros de la organización como testigos de una causa por la venta de drogas. Pero cuando decidieron presentarse ya era tarde: "Como no se presentaron en el tiempo que decía la citación dejamos la causa sin efecto", les explicó la secretaria. Indignados por la facilidad con que la justicia desistió en enfrentar el delito, pidieron una audiencia con la fiscal, pero Filoñuk les explicó las limitaciones que tiene en las investigaciones de este tipo debido a la falta de recursos y a la cantidad de causas de las que debe ocuparse. Nuevamente, el mayor problema que actualmente sufren los jóvenes de Villa El Libertador quedaba postergado. Nuevamente, el desamparo va disolviendo toda posibilidad de un futuro digno para los niños de los barrios marginales de Córdoba.

 

Lucia Maina