Viaje al fondo del abismo. Testimonios
LOS MUERTOS VIVOS
Los llaman los muertos vivos, los fisurados; realmente es desesperante la debacle física que tienen nuestros pibes, porque son el resultado de esta sociedad, en un corto período de tiempo y luego mueren, en silencio porque no les resta nada, ni siquiera para gritar.
Mientras que en los asentamientos todos conocen los fumaderos y al transa y las madres desgarradas se juntan y denuncian y gritan todo lo que no pudieron gritar sus hijos, quienes son, pero ni la policía ni los fiscales, ni los jueces tienen oídos para ellas. Porque son pobres, cabezas, negros de m...., villeros, haraganes, borrachos. En el fondo, no oyen porque no tienen el coraje para hacer lo que deben según su función, porque no son del común de la gente, ellos son algo especial, funcionarios con trato preferencial y por supuesto no responsables. Creo que en el fondo no tienen coraje porque para tenerlo, primero hay que tener compromiso y luego ( o también) honor...pero en este mundo en el que las palabras honor, solidaridad, códigos, respeto, han perdido su significado, han pasado de moda, nadie carga sobre su conciencia la complicidad de esta matanza.
María Florencia Arietto
EL PACO INCURSIONA EN LA CLASE MEDIA
Varón, joven, pobre, marginal, violento. Un verdadero "zombi", poco más que "un muerto en vida", alguien que descendió a "lo peor de lo peor" y está absolutamente "fuera de control". Un "peligro". Es el perfil del consumidor del temido "paco", la imagen del "paquero" que circula desde que esta sustancia cuasi "demoníaca" desembarcó entre los argentinos, allá por el 2002. Sin embargo, diversos estudios y algunos expertos empiezan a cuestionar estas asociaciones: complejizan los imaginarios que giran en torno al paco y aseguran que ya desbordó los márgenes de los sectores vulnerables para hacer pie entre personas de clase media, donde el consumo adquiere otros significados y tiene otras consecuencias.
Georgina Elustondo
EN LOS DOMINIOS DEL PACO
El paco, o pasta base de cocaína, provoca eso: una ansiedad desesperada por consumir más. En pocos segundos -entre ocho y cuarenta-, este sulfato de cocaína lleno de solventes tóxicos llega al cerebro. Pero el efecto, estimulante, no dura más de cinco minutos. Y los adictos quieren más. En pocas semanas se les empiezan a notar las costillas y los ojos se les hunden en unas cuencas grandes y cenicientas. Es como si en lugar de chupar el humo por ese caño, el caño succionara todo lo que hay entre los huesos y la piel.
Ramiro Sagasti
Diario La Nación (19-02-2006)
SOBRAS DE MUERTE
Todo tiene una razón o un fundamento económico. La Argentina era un país de tránsito de la droga, un lugar donde se terminaba o fraccionaba la cocaína, antes de seguir viaje.
Mientras existió la paridad cambiaria con el dólar, una parte de la cocaína terminada -como cualquier otro producto- se quedaba en el país de tránsito, abastecía el mercado interno. Al desaparecer la paridad, se redujo notablemente el mercado interno.
A partir de allí, sólo pudieron consumir droga "de calidad" los chicos de la clase media alta y las familias ricas. A los de clase media baja y los pobres, les quedó el "paco", un residuo de fabricación, sobras de muerte en un lugar que produce continuamente distintas variedades de muerte.
Oscar Taffetani
Agencia de Noticias Pelota de Trapo
DE SOLDADOS A FANTASMAS
Los chicos cuentan que la mañana de un soldado empieza con una visita al narco en la villa, que les da paco para consumir y vender. La plata tiene que estar al mediodía. Si no venden, roban. Pero no los empuja otra cosa que la desesperación porque también les saca el hambre. La droga se une a la locura de vivir en la total exclusión. Después de unos meses dejan de ser soldados para transformarse en fantasmas, como ellos mismos se llaman. Ya no pueden ni vender ni robar. Y están los que mueren en un proceso que incluye vómitos, convulsiones y paro cardiorrespiratorio.
Testimonio publicado en el diario Perfil
"HONGOS DE UN GRAN ERROR SUCIO"
"Soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas, cuando era fácil resolver el problema de la miseria. ¿Qué hicieron? Nada. Ahora somos ricos gracias a las multinacionales de la droga, y ustedes se están muriendo de miedo. No hay solución, hermano. La propia idea de ‘solución’ es un error. ¿Ya vio el tamaño de las 560 villas miseria de Río? ¿Anduvo en helicóptero sobre la periferia de San Pablo? ¿Solución, cómo? Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. La muerte para nosotros es la comida diaria. No hay más proletarios y explotadores. Hay una tercera cosa creciendo allí afuera, cultivada en el barro, educándose en el analfabetismo, diplomándose en las cárceles, como un Alien escondido en los riñones de la ciudad. Mis comandados son una mutación de la especie social. Son hongos de un gran error sucio. Estamos todos en el centro de lo insoluble. Sólo que nosotros vivimos de él y ustedes no tienen salida. Sólo la mierda. Y nosotros trabajamos dentro de ella. Entiéndame, hermano, no hay solución".
Marcos Camacho "Marcola"
Jefe del Primer Comando de San Pablo en una
Entrevista publicada en O Globo
"ES COMO UN VICIO..."
"El Peque trabajaba con El Lucho, que una vez estuvo dos semanas sin dormir, de tanta pasta base que fumó. El Peque, de 29 años, empieza perorando una serie de subterfugios. El paco fue lo peor que le pasó. Fueron las juntas, amigos capciosos, los que lo hicieron caer. Esas cosas.
Después dice la verdad: "Le llegué a vender a pibitos de 11 años. Te sentís poderoso. Tenés un arma, fumás lo mejor, tenés todas las minas. Se te regalan por un paco. Hay pibitos que te tiran la goma por un paco. A esos los esquivo. Sos poderoso. Llegué a ganar 130 pesos por día. Eso, sin contar lo que fumaba, porque yo fumaba gratis. Te traen de todo: televisores, computadoras, armas... Todo por un par de bases. Sabés si hubiera ahorrado..."
Verónica, de 20 años, conoce al Peque. Van al mismo CPA. Seguro que también conoce a los otros transas, pero baja la mirada y no dice nada al respecto. Dice que fumaba más de 100 pacos por día. Tenía los labios partidos. Pesaba 40 kilos. Escupía pedazos de pulmón. El humo que aspiraba estaba formado por diminutas partículas filosas y ardientes que desgarraban los pulmones y después una náusea extraña empujaba hacia afuera esos pedazos gris oscuro.
Vivía en Plátanos, Verónica, cerca de una villa miseria muy pequeña. En esa villa vive un matrimonio amigo: "Ella está embarazada de cinco meses y fuma con el nene en la panza. El otro día, él estaba raspando la pipa. Como no tenía más paco se iba a fumar la cera que queda en la pipa. Te rompe la cabeza. Yo fumaba con ellos".
-¿Qué sentías?
-No sé. Te salta el corazón. O se te para. Sentís cuando se te para el corazón. Te asustás y pensás que te vas a morir. A veces fumaba sola y, mientras me miraba en el espejo, todo alrededor de los ojos se pone amarillo y después los ojos brillan. Escuchás el ruido de las hojas. Te asustás. Todo te asusta. Menos la gente que fuma.
En septiembre -cuenta Verónica-, fue caminando desde Plátanos hasta El Bajo. Caminó dos horas. Entró sola en la villa. Consiguió la droga. Se la vendió un tipo que parecía una lagartija. "Fumé en la calle. Había cinco patrulleros. Los policías fuman paco. Están perdidos. Había un pibe tirado con la boca llena de espuma. Debe haber muerto", dice.
Ambas saben que acá a la vuelta venden paco. Esos chicos de más allá son paqueros. Ven esa chica, tan delgada, está perdida. Los tres de gorra que están tirando piedras a los caballos también fuman. Son buenos chicos. Chicos chicos. El rubiecito tiene 13 años. La otra noche le robó a su maestra. La arrastró por el piso. Al otro día le devolvió la billetera y le dijo: "No, seño, yo no fui. No sabés cómo te quiero".
La llama palpita, le tiñe el rostro anguloso de naranja, sus ojos se clavan en el fuego. Chupa del caño. La mirada cruje de terror. Debe pesar una tonelada, ese pensamiento, porque su cuerpo se encoge en ese rincón oscuro. "Te perseguís. Pensás que te van a matar", dirá más tarde.
- ¿Y entonces por qué fumás?
- No sé... Es como un vicio...
Ramiro Sagasti
Diario La Nación
LA MASACRE SILENCIOSA
La droga es el elemento más perfecto creado para el control social; genera la pérdida de autonomía, de la subjetividad, ello sumado a la prohibición crea un submundo oscuro y putrefacto en donde no hay lugar para diferencias de clase.
Pero: ¿dónde está el punto de inflexión?
Hemos llegado a un punto tan extremo de compra y venta que hasta la basura genera dinero; y estoy hablando de lo que hasta hace algunos años era la resaca de la cocina de la cocaína: la pasta base, el paco, el crack, como quieran llamarlo; la droga de los pobres se convirtió en negocio. Se vende por pocos pesos, no tiene costo de producción ( recordemos que es el sobrante de lo que sí tiene costo, que es la elaboración de la cocaína) y genera una adicción profunda con picos que se dan en segundos y una muerte segura a posteriori.
Control social, crimen social, masacre silenciosa y no imputable a nadie:.. fue fuente ovejuna.
María Florencia Arietto
EL DESPUÉS
El efecto es instantáneo. Se consume rápidamente: dos soplidos para adentro y el polvo pasa por la ceniza o la virulana con la que la mezclan en una pequeña pipa de metal para llegar al cerebro. Deja en los pulmones el rastro de un ácido: los consume y provoca un enfisema. Sin hambre y con el sueño que no llega, los pibes bajan de peso rápidamente. Además del daño cerebral, la desintegración y el deterioro físico impactan. Los especialistas lo definen como "el camino hacia el no sujeto". "Perdés la personalidad, no te das cuenta de nada ni de nadie. Le robás hasta a tu familia para conseguir más", coinciden los chicos que sufrieron en carne propia los efectos que produce aspirar los desechos de la cocaína, a sólo un peso la dosis. Pero el paco, en sí mismo, no produce una sobredosis. Destruye de a poco. El adicto terminal muere por el deterioro o por el descuido. Muchos, en situaciones violentas. Otros, por enfermedades contagiadas durante el consumo. Todos, sin nada.
Martina Noailles
ROBABAN PARA CONSUMIR
Desde un colectivo la vio correr entre los autos, por la avenida Corrientes. Iba con el novio con el que comenzó a fumar. Hacía tiempo que robaban para consumir. Pensó: recién deben haber asaltado a alguien, qué flaca que está, tiene los ojos salidos. Se bajó del micro. Alcanzó a golpear el capó del taxi al que subieron. Romina Albarenga se dio vuelta y la miró: se estaba riendo. Es una de las últimas imágenes que Roxana guarda de su hermana, Romina, 23 años. Fue meses antes del paro cardiorrespiratorio que sufrió a fines de junio en el hospital Muñiz por una insuficiencia pulmonar, tras años de consumo de paco, el desecho de la cocaína que amenaza con diezmar los territorios de la exclusión.
Cristián Alarcón
Diario Página 12 Año 2005
LES DICEN "SAN LA MUERTE"
Les dicen "San la Muerte". Están flacos, raquíticos, sus caras están chupadas, caminan encorvados y los brazos les cuelgan casi hasta la rodilla. No les queda nada, muchas veces venden hasta su propia ropa, los sueños los vendieron hace rato. Parecen linyeras, no se bañan. El paco o bazuco, la gilada o la base, la porquería: así le llaman a la droga más adictiva, mortífera y barata del momento, así vivan en Retiro, Lugano, Mataderos, La Boca, San Telmo, Versalles, Devoto o Abasto.
Lucas Schaerer
Diario Página 12 Año 2006
ES COMO ESTAR MUERTO
"A mí la pasta base me re pega y en menos tiempo que la merca. Estoy seguro de que si te gusta la merca, la pasta base puede ser tu patrona. Al principio, como sin darme cuenta, me enganché y me re copaba. No la puedo dejar y eso es un garrón. No soy libre. No disfruto de mis momentos. Se me van las ganas de hacer música y de acariciar a mis perros. Eso es una impotencia muy grande y encima me doy cuenta de que no puedo parar. Es como estar muerto. Soy uno más que te da un sermón, ¿no? Pero, ¿sabés qué, chabón? Tengo todo el derecho, porque sé de lo que hablo y lo digo con toda mi vergüenza. Veo que la gente que curte pasta base se queda en el tiempo biológico, y en el afectivo también. Mirá, chabón: la base es la muerte, y si te querés morir, probala o seguí fumando".
Testimonio de Cristian “Pity” Alvarez, del grupo Intoxicados.
LA SED DE LO PERDIDO
Niños que vivieron días de prestigios en la gambeta cortita de los potreros, los dejan morir sin evitarle la "impúdica evidencia de sus ruinas". Muertos-vivos, que en la efímera etapa de euforia (2 a 5 minutos) encuentran algunos rastros del "paraíso" que la vida ha dejado de ofrecerles -como canto de amor- porque les han quitado la maravilla, sucesivos regalos de "increíble gracia".
Sentirse culpables de insomnio y el horror de seguir siendo esa pesadilla de lobos de luna llena que se toman de un solo trago "la sed de lo perdido". Las calles son pibes que cuando caiga el telón del amanecer se tomarán el pulso y verán si vivir unos días más -como pedazos- merece la pena.
Alberto Morlachetti
Revista Pelota de Trapo
LA MAQUINARIA DEL PODER
De acuerdo a la Comisión de Prevención de las Adicciones de la Cámara de Senadores, alrededor de 70 mil personas consumen paco en el conurbano del principal Estado argentino, la provincia de Buenos Aires.
El narcotráfico sigue siendo el principal circuito de dinero fresco en la Argentina del tercer milenio.
Y, al mismo tiempo, la fenomenal herramienta de domesticación social que implica la dependencia química de los pibes.
Antes que revolucionarios, la muchachada debe ser narcotizada y habitante de las cárceles hacinadas.
Así funciona la maquinaria del poder.
El paco, para colmo, tiene cada vez más prensa. Involuntaria o no, la publicidad viene desde distintos sectores.
Consumir paco es la nueva moda que algunos disfrutan mientras otros no saben qué hacer para contagiarle a los pibes algún ideal existencial que no sea bancarse la muerte prematura que significa su consumo.
Carlos del Frade
Revista Pelota de Trapo
ME CANSE DE PEDIR AYUDA
Me cansé de pedir ayuda y nunca tuve ayuda de nadie. Los testimonios de los adictos al paco tienen en común los lugares de la exclusión, la sensación constante de insatisfacción, la confirmación del rápido deterioro, pero también la impresión de que no hay nada más allá cuando se quiere dar un paso al costado. Ellos son la cara visible de un fenómeno de consumo que creció rápidamente en los últimos cuatro años en Argentina de la mano de la salida de la Convertibilidad, cuando el mercado de las drogas se reacomodó ante el crecimiento del precio de la cocaína para empezar a ofrecer una droga más barata pero letal.
Virginia Escobar
Revista Causa Popular
EL PAQUERO, UN DOBLE EXCLUIDO
El investigador principal del trabajo fue el doctor en psicología Hugo Miguez, integrante del Conicet con sede en esa subsecretaría del ministerio de Salud bonaerense. Uno de los aspectos que resaltó Miguez fue la notable diferencia entre la frecuencia de consumo de esta droga y otras. Los datos indican que 68,6% consume pasta base a diario, mientras que "apenas" el 3,1% fuma marihuana todos los días, y el 26,5% consume cocaína con esa frecuencia. "Esto habla de características más adictivas de la pasta base", dijo Miguez.
Otro aspecto que destacó es la condición de "doble excluido" del "paquero". El estudio señala: "No sólo forma parte de un grupo social que vive situaciones de aislamiento social debido a la pobreza estructural sino porque, además, su propio uso del paco lo convierte en alguien con el que debe asegurarse una distancia protectora separándolo de su familia, su grupo y sus vecinos".
Por un lado, el consumidor se siente perseguido "tenés miedo de que te agarre la policía", y por otro, la necesidad de consumo lo lleva a vender hasta las cosas de la propia casa cuando no participar en otros delitos: el 60,3% dijo que para poder fumar participó de delitos.
Miguez destaca otros resultados, además de la ansiedad paranoide que genera la droga, "un tercio de ellos ha tenido accidentes como consecuencia de fumar pasta base y por lo menos un 10% ya hizo tratamientos" para salir de esa droga.
Nota publicada en el
Diario Clarín (26-9-2006)
"LO PEOR QUE HICE EN MI VIDA"
"A los 26 años probé el 'paco' y fue lo peor hice en mi vida", contó Diego De Brito, un joven de 29 años, que le ganó a esa época negra en una dura batalla que ya lleva dos años.
"Yo empecé a consumir a los 17 años todo tipo de drogas y contó menos inyectarme, las conocí a todas. Hasta que probé el paco y me arruinó ese año en que cumplí 26, cuando perdí el trabajo que tenía en Capital y la confianza de mi familia. Con el 'paco' llega un momento en que no tenés control. Decís 'consumo el fin de semana y el lunes empiezo el tratamiento' y, cuando te das cuenta, estás peor: vivís de noche, te metés en los peores lugares para buscar droga".
Lo suyo, confesó, fue por gusto y por un camino de adicción. "No hubo mal de amor, ni falta de cariño familiar. Mis padres me dieron lo mejor".
Recordó que, de buenas a primera, se encontró usando un lenguaje callejero, propio de los adictos: "Yo no te hablaba, ladraba". "El tratamiento para salir es doloroso dijo. Se puede hacer sin internación, pero siempre con ayuda".
Oscar Angel Spinelli
Diario Clarín
"ERA UNA PERSONA RESPETABLE"
El amigo de El Peje es también de familia numerosa: de sus 7 hermanos, 4 son adictos, pero si suma a sus primos, son unos 20, dice. Gustavo, 22 años, los dientes diezmados, el cuerpo magro, exhibe un humor negro que resulta un exorcismo para los que lo escuchamos al sol, en plena siesta. Los transas, nos enteramos, ya guardaron todo por si a pesar de nuestras credenciales resultamos policías. El habla con la displicencia del que se sabe perdido. "Yo hace mucho que fumo. Era una persona respetable. Ahora hago cosas por las que me quiero matar. Robo para poder consumir. A los seres queridos, a los desconocidos, a todo el mundo. Viene uno a comprar, le pedimos la plata para traerle una bolsa y nunca más nos ve. Ayer a uno por merca le puse Tafirol rayado. Se vomitó todo se ríe. Pero peor le fue al que le pusimos Uvasal. ¡Tomó un tiro y le salieron lágrimas de espuma por los ojos! ¡Pobre chabón!" se ríe, y aun en la sórdida tragedia, contagia.
Cristian Alarcón
Diario Página 12
"CON FOROS TERMINAMOS FORROS"
Daniel Grasso, de la ONG Razonar, dice estar cansado de la realidad que los rodea. Se lo escucha más enojado que pesimista. "Hemos tenido una denuncia de que hay vendedores de droga en las esquinas de las escuelas. A veinte metros, a treinta metros. ¿Qué podemos hacer con eso? Nada. Salvo trabajar con los chicos, con los padres. Empoderarlos se dice ahora. Son todas palabrerías nuevas. Yo veo que hay foros, tal foro de la niñez, del trabajo infantil. Acá hace falta acción en la calle, arremangarse, meter las patas en la mierda y darle para adelante. Porque con foros terminamos forros", se indigna. Su mujer escucha en silencio, sin hacer ningún gesto.
Martín Piqué
Página 12 (9-7-2006)
"LA ESCUELA DE LA CALLE LOS ANIQUILO"
Algunos, muy pocos, empiezan a los nueve años, aunque la mayoría de los consumidores anda entre los 14 y los 25 años. Ellos, los zombis, los que curten una piel negra, labios quemados y ropa zarrapastrosa, se mantienen lejos de los ojos de los medios de comunicación. Ellos, los flacos, no toman el subte porque no van a ninguna parte, más que a la casa de los transas o a robar a sus vecinos. Ellos, los adictos al paco, no se preocupan por rendir materias en febrero porque no van al colegio. La escuela de la calle los aniquiló. No son vistos por turistas, la comunidad internacional no pide por ellos, no tienen la prensa de los presos de Guantánamo; pero sí cuentan con sus familiares, amigos y conocidos del barrio que los ven destruidos, y que también hablan con el NO. Sus amigos se preocupan por ellos, pero no saben cómo ayudarlos.El paco es, concretamente, pasta base de cocaína que se obtiene en uno de los primeros pasos de la elaboración. "En este momento, la sustancia está mezclada con carbonato potásico, querosén y ácido sulfúrico, por lo que no es apto para consumo humano. Cuando te pegás por un peso, te estás metiendo todo esto más el corte del puntero de turno", cuenta el folleto que entrega Gustavo Hurtado, quien forma parte de una asociación que anima políticas públicas basadas en la reducción de daños por el uso de drogas
Lucas Schaerer
Suplemento NO Página 12
"ESTA DROGA TE MANDA A ROBAR"
Estos adictos ingrávidos hacen cualquier cosa para conseguir más paco: venden lo que encuentren en las casas propias y ajenas. Roban. El Ministro de Seguridad de la provincia, León Arslanian, había dicho que el número de menores que delinquen es cada vez más elevado y que la influencia del paco era evidente.
Ana De Imperio, que trabaja con adictos en el Centro Provincial de Atención a las Adicciones (CPA) de Berazategui, coincide en este punto: "Esta droga sí te manda a robar. Y aquí no hay cargas ideológicas. La desesperación es tal que los adictos venden lo que encuentran y cuando no tienen nada para vender, roban". En la Argentina, sobre todo en el conurbano bonaerense, cada vez son más los paquistanes, paqueros, fantasmas, muertos vivos: cualquiera de estas denominaciones les cabe a los consumidores de paco. La Segunda Encuesta Nacional a Estudiantes de Enseñanza Media realizada por la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) dice que, en el universo de las drogas ilegales, el consumo de pasta base es el que más aumentó en los últimos cuatro años entre los estudiantes secundarios: un 200 %.
El trabajo se hizo en 586 escuelas de todo el país, y el cuestionario fue respondido por 62.700 chicos de 13, 15 y 17 años. Estos números proyectan una base de unos 950.000 adolescentes.
La encuesta dice que el 2,5% de los estudiantes probó pasta base alguna vez en su vida; esto es: 23.750 chicos. Que el 1,4% -13.300- ha consumido en el último año. Y que en el último mes fumó esa droga el 0,9% de los adolescentes contemplados en el trabajo de la Sedronar; son 8550 estudiantes.
Estos van a la escuela. Pero hay otros que no. Según la secretaría de Prevención y Asistencia de las Adicciones de la provincia, unos 70.000 jóvenes de entre 16 y 26 años probaron paco en el conurbano bonaerense.
Nota publicada en el Diario Clarín