Desafíos Urbanos Nº 39

EL PAIS FORMAL
Y
EL PAIS REAL

CDesde hace ya varios meses los titulares de los grandes medios saturan a la opinión pública con los mismos temas: los tires y aflojes en la interna oficialista, las patéticas “primarias” del radicalismo o la fragmentación ilimitada de la izquierda en la búsqueda de un “posicionamiento” para los próximos comicios presidenciales. Una elección donde los principales candidatos no pueden perforar un techo del 15 por ciento y, menos todavía, encantar a millones de ciudadanos cada vez menos preocupados de las pujas por el reparto del poder en las cúpulas.

Pero como esta cuestión genera hartazgo hasta en los politólogos más estoicos, de vez en cuando aparecen otros temas, como el culebrón de Julio Grassi, el pope de la fundación “Felices los Niños” (sic), un sacerdote construido por los propios medios para ignorar las acciones grises y cotidianas de la solidaridad colectiva y regodearse, en cambio, con la solidaridad frívola de los programas de la farándula.

Pero como muchos sospechan que la gente carece de memoria, ya reapareció Susana Giménez, la necesaria contracara de Grassi, para exhibir su compasión por los chicos que mueren de hambre en Tucumán y otras regiones del país, casi en el mismo momento que la comisión que investiga la fuga de divisas en el Congreso Nacional certificaba que la diva giró 4.100.000 dólares al exterior antes de que el corralito atrapara los ahorros de cientos de miles de pequeños depositantes.

Pero semejantes fuegos de artificio no consiguen alumbrar la espesa oscuridad que se aplasta sobre el país real, con más del 53 por ciento de la población bajo la línea de pobreza y un 24 por ciento sumido en la indigencia. Un país que no puede garantizar la alimentación al 60 por ciento de los niños del gran Buenos Aires y de las provincias norteñas, pese a que las estadísticas señalan que es el segundo productor mundial de soja, el quinto de trigo y el quinto exportador de carne vacuna. Algo que serviría para alimentar a 300 millones de personas en una sociedad con una justa distribución de su riqueza.

Agoniza la infancia y agonizan millones de personas en el país de los cereales y el ganado. Y la brecha entre el país formal y el país real se agiganta día a día, la democracia se fragiliza, la dirigencia sigue jugando a la ruleta rusa y en los argentinos, como dice Alberto Morlachetti, “hay añoranza de ese tiempo original de felicidad que le otorga sentido a la historia. Esa feroz nostalgia, de algo ido y hermoso. Que este lejos de nuestro alcance no es obstáculo para que los seres humanos, dotados de ese instrumento formidable, que es la imaginación, a fuerza de deseos terminemos abrazando una cintura de luna”.